Un organismo oficial se niega a calificar “sostenible” a la energía nuclear

25 ene 2022

La nueva coalición alemana, liderada por el socialdemócrata Olaf Scholz junto a los Verdes y los Liberales, empieza a mostrar el nuevo rumbo que pretende establecer en su lucha contra el cambio climático.

El dúo verde que conquista Alemania y genera esperanzas en el mundo.

El nuevo ministro de Protección Climática, Economía y Energía, Robert Habeck, escritor, filósofo, líder del partido Verde y el primer ecologista que ocupa esta cartera ministerial, se ha fijado el ambicioso objetivo de alcanzar el 80% de energías renovables en la producción de electricidad para 2030.

Habeck reconoce que para lograrlo, el país requiere hacer “un gigantesco esfuerzo ya que Alemania camina en la dirección equivocada”. El ministro insiste es que es necesario acelerar su producción de energías renovables y anunció el pasado martes 11 que como parte de su plan de transición energética dedicará el 2% de su territorio a la instalación de aerogeneradores, lo que implicará más que duplicar las actuales instalaciones.

El gobierno de coalición con la incorporación de “los verdes” cree que los resultados del 2021 mostrarán un incremento de las emisiones del 4% y que es “probable que no alcancemos nuestros objetivos climáticos en 2022 y 2023”, por lo que es necesario redoblar los esfuerzos.

Robert Habeck en nombre del nuevo gobierno asegura que “debemos acelerar el ritmo y ser más eficientes en los próximos años”. La cuota de electricidad procedente de fuentes renovables ha aumentado considerablemente en Alemania en los últimos años, duplicándose en una década. Pero por primera vez desde 1997 el año pasado descendió, representando el 42% frente al 45,3% de 2020.

Un “superministro”

En Alemania, la nueva coalición de socialdemócratas, verdes y liberales se autodenomina como Gobierno del Clima. Las expectativas en torno al nuevo “superministro” Habeck, y a Annalena Baerbock, como Ministra de Asuntos Exteriores, ambos provenientes de los Verdes, son enormes y concitan esperanzas no solo en toda Europa sino a nivel mundial.

El Planeta requiere emprender acciones drásticas contra el cambio climático, si quiere acercarse al difícil objetivo del Acuerdo Climático de París de 2015 de no permitir que la temperatura media en la Tierra suba más de 1,5°C.

El plazo es el 2030 y en el acuerdo tripartito de la coalición alemana, los socios incluyeron como mandato “alcanzar los objetivos de protección del clima de París es nuestra máxima prioridad. La protección del clima garantiza la libertad, la justicia y la prosperidad sostenible. Es importante redefinir la economía social de mercado como una economía de mercado socialmente ecológica”.

La decisión es trascendente ya que un país del peso económico e industrial de Alemania no solo podría significar una reducción sustantiva de las emisiones de CO2 sino una influencia determinante sobre sus socios europeos y sobre el resto de la comunidad internacional.

La coalición de socialdemócratas (SPD), verdes (Die Grünen) y liberales (FDP) se propone tres objetivos prioritarios: 1. eliminación acelerada de la generación de energía a base de carbón que daña el clima,  para 2030; 2. expansión masiva de las energías renovables, para 2030 y abandono de los motores de combustión, y 3. estructuración de un Ministerio de Economía reforzado, con competencias adicionales en Protección Climática y Energía.

Como señala Jan Kowalzig, experto en clima de Oxfam, “la tarea más importante para Habeck ahora es establecer su ministerio de tal manera que esté comprometido con la transformación”. No hay que olvidarse que en los últimos años en Alemania, el Ministerio de Economía operaba como un opositor a las propuestas del Ministerio de Medioambiente y trabajaba contra la protección del clima y a favor  especialmente, de las corporaciones con gran consumo de energía. De allí la falta de dinamismo germano en la expansión de las energías renovables y en la continuidad del uso del carbón como fuente.

El salto ocurrido en la política alemana tras las últimas elecciones ha puesto no solo las incumbencias de energía, clima y economía en las manos de Habeck y la política exterior bajo la conducción de Baerbock sino que los ministerios de Medio Ambiente y Conservación de la Naturaleza (Steffi Lemke) y de  Alimentación y Agricultura (Cem Özdemir) –importantes para una política climática coherente– fueron asumidos por líderes reconocidos del Partido Verde, lo que le otorga consistencia al cambo de rumbo.

Eliminación del carbón y expansión de la energía limpia

Habeck tiene claro el colosal desafío que ha asumido. “La neutralidad climática es un proyecto de transformación gigantesco con inmensos cambios e imposiciones que debe ser conducido”. Para 2030, la participación de la energía eólica y solar en el suministro de electricidad en su país debe elevarse al 80% cuando hoy están en poco más de la mitad (48%) del suministro eléctrico en Alemania.

Para 2030, la participación de la energía eólica y solar en el suministro de electricidad en el país debe elevarse al 80%.

La propuesta de la coalición presenta dos dificultades: la construcción de cinco aerogeneradores en tierra cada día, en lugar de solo uno, como es actualmente y lograr convencer a las comunidades rurales para que no compliquen su instalación con conflictos masivos, como ha sucedido con frecuencia. 

Pero Habeck es conocido por su capacidad de moderar y convencer. En su experiencia como Ministro de Transición energética, Agricultura, Medioambiente y Territorios rurales y sobre todo, como vicepresidente de Schleswig-Holstein, logró consensos, aseguran quienes han trabajado con él. Habeck logró allí, en cuatro años, duplicar la participación de las energías renovables. Pero el camino no asoma como fácil.

El otro gran desafío es la eliminación del carbón, programada para 2038 por el gobierno de Merkel a principios de 2020, que lo logró después de arduas negociaciones. Adelantar esos planes casi una década tampoco será sencillo. Hay miles de empleos en danza y el rechazo de parte de la población en Sajonia, Brandeburgo, Sajonia-Anhalt y Renania del Norte-Westfalia, regiones que en algunos casos muestran fuerte presencia neonazi o de extrema derecha.

Habrá que ver además como funcionan sus socios de coalición ante las primeras dificultades. Habeck dependerá mucho de la cooperación de aquellos miembros del gobierno que no proceden de su partido y si su apoyo al Acuerdo de París, va más allá de los meros discursos. Una muestra de ello fue la posición del liberal Volker Wissing, ministro de Transporte del nuevo gobierno, que buscó favorecer a los propietarios de vehículos diesel, a contramano del acuerdo de la coalición que acordaron que la reducción de gases de efecto invernadero debe ser tarea de todos los ministerios.

Hay que tener en cuenta que el Ministerio de Finanzas está en manos de Christian Lindner, jefe de los liberales del FDP, que es donde se disponen finalmente los miles de millones de euros necesarios para concretar el desafío.

Rechazo a la energía nuclear

La Comisión Europea emitió un dictamen proponiendo qué inversiones deben considerarse respetuosas con el clima. En el último día del 2021 estableció que las inversiones en nuevas centrales nucleares podrían calificarse como verdes si cumplen los estándares actuales y existe un plan específico para los residuos radiactivos. Lo mismo para las inversiones en nuevas centrales eléctricas de gas que podrían  clasificarse como verdes de forma temporal. En este último caso, lo curioso es que es una petición del propio gobierno alemán de Merkel que complica a la actual coalición gobernante.

A mediados de este mes de enero, la Oficina Federal para la Seguridad de Residuos Nucleares (BASE), que asesora al Ministerio de Medioambiente alemán, rechazó la propuesta de la UE de calificar la energía atómica como energía sostenible y publicó un informe donde rechaza que las “llamadas tecnologías avanzadas” sean incluidas entre las tecnologías renovables y se manifiesta contra la puesta en marcha de nuevas centrales nucleares.

Un organismo oficial alemán niega que pueda calificarse como “sostenible” a la energía nuclear.

El director de BASE, Wolfram König, advirtió que con el uso de la energía atómica, se genera una carga a las futuras generaciones que no es compatible con el ideal de una justicia generacional. El enfoque de la Comisión de la UE para clasificar la energía nuclear como una inversión sostenible es “incomprensible porque ignora las cuestiones relacionadas con la sostenibilidad”. Y aclara que, por ejemplo, se presta muy poca atención al peligro de accidentes nucleares y a las dificultades que implica la gestión de residuos nucleares.

“Desde un punto de vista técnico –señala König– la clasificación de la energía nuclear como una forma sostenible de generación de energía no resiste. La energía atómica es una tecnología de alto riesgo que también lleva aparejado el riesgo de uso indebido de material radiactivo con fines terroristas y bélicos”.

En un comunicado, BASE recuerda que si bien las normas de seguridad actuales para las centrales nucleares previenen accidentes graves y reducen sus consecuencias, no permiten descartarlas por completo y además, subsiste “el problema de los desechos radiactivos que sigue sin resolverse 70 años después de la introducción de esa tecnología”.

Antes de concluir el mes, los países de la UE deberán responder a la controvertida propuesta de la Comisión y se verá la influencia del nuevo gobierno alemán sobre la expansión de la energía nuclear.

Para finales de 2022 está planeado el fin del uso de la energía atómica en Alemania, lo que contrasta con la decisión de otros países, como Francia, donde funcionan 58 centrales nucleares y el suministro nacional se basa en esta energía, que prevé intensificar su uso hasta duplicar su capacidad para el 2050. El presidente Emmanuel Macron aprovechó el cambio de gobierno en Alemania para impulsar una revalorización de la energía nuclear y limitar las posibilidades de cambio que pretenden los Verdes.

Los partidarios de las centrales nucleares defienden el supuesto ‘carácter sostenible’ del funcionamiento de los reactores, porque éstos no producen gases de efecto invernadero, lo que es cierto ya que, a diferencia de las centrales de carbón, las nucleares no emiten CO2. Para sus detractores, como König, sus desventajas son otras.

El hecho muestra el desconcierto y la puja de intereses en tono a la transición energética. El futuro de la energía nuclear plantea dos noticias casi simultáneas en el comienzo del 2022, absolutamente contradictorias: mientras que Alemania cierra tres de las seis últimas centrales nucleares que le quedan, la Comisión Europea plantea que las inversiones en centrales de gas y nucleares son  respetuosas con el clima en determinadas condiciones.