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05 mar 2022

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) trabaja para identificar y llamar la atención sobre los nuevos acontecimientos de interés ambiental. Lo hace a través del Informe Fronteras del PNUMA cuya IV° edición fue publicada el pasado 17 de febrero.

Los incendios forestales que están ocurriendo con mayor severidad y frecuencia, la contaminación acústica urbana convirtiéndose en una amenaza para la salud pública mundial, y los desequilibrios fenológicos (interrupciones en algunos momentos de las etapas del ciclo de vida en los sistemas naturales) están causando consecuencias ecológicas.

Son éstas, algunas de las cuestiones ambientales críticas, que requieren una mayor atención, según el nuevo Informe de Fronteras.

Cabe recordar que cuando el Informe se publicó por primera vez en 2016, adelantó una alerta sobre el creciente riesgo de enfermedades zoonóticas, cuatro años antes del brote de la pandemia de COVID-19.

La última edición del informe Fronteras 2022: ruido, llamas y desequilibrios: temas emergentes de preocupación ambiental explica Inger Andersen, la directora ejecutiva del PNUMA– “identifica y ofrece soluciones a estos tres problemas ambientales que merecen atención y acción por parte de los gobiernos y el público en general. La contaminación acústica urbana, los incendios forestales y los cambios fenológicos, los tres temas de este informe son temas que ponen de relieve la necesidad urgente de abordar la triple crisis planetaria del cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad”.

Un asesino estridente

La contaminación acústica en las ciudades aparece como un peligro creciente para la salud pública. Los sonidos no deseados, prolongados y de altos decibeles, producto del tráfico automotor, ferrocarriles o actividades de ocio perjudican la salud y el bienestar humano. El desarrollo de molestias crónicas y trastornos del sueño consiguientes, resulta en enfermedades cardíacas graves y trastornos metabólicos como diabetes, discapacidad auditiva e incidencia en la salud mental.

La contaminación acústica ya provoca 12.000 muertes prematuras cada año en la Unión Europea y afecta a uno de cada cinco ciudadanos de la Comunidad. Los niveles de ruido aceptables se superan en muchas ciudades de todo el mundo. Entre las más notables: Argel, Bangkok, Damasco, Dhaka, Ho Chi Minh, Ibadán, Islamabad y Nueva York.

Los que se ven especialmente afectados son los más jóvenes, los ancianos y las comunidades ubicadas cerca de las carreteras de alto tráfico, áreas industriales y lejos de los espacios verdes. Asimismo también es una amenaza para los animales, alterando sus comunicaciones y comportamiento en varias especies, incluyendo aves, insectos y anfibios.

Está probado que los sonidos naturales tiene un efecto benéfico para la salud, por lo que los urbanistas y planificadores urbanos deberían priorizar la reducción del ruido; propiciar inversiones en movilidad alternativa y en infraestructura que repercuta en paisajes sonoros positivos, como bosques urbanos, paredes y techos verdes, además de fomentar el incremento de los espacios verdes en las ciudades.

El Informe  pone como ejemplos positivos la Zona de Emisiones Ultra Bajas (ULEZ), las nuevas ciclovías de Berlín en carreteras anchas y el plan nacional de Egipto para combatir el ruido.

Los confinamientos por COVID-19 trajeron una nueva valoración de los espacios verdes y la reducción del ruido del tráfico urbano. Los programas destinados a “reconstruir mejor” representan una oportunidad infrautilizada para que los responsables de la formulación de políticas, los encargados de la planificación urbana y las comunidades creen espacios verdes adicionales para todos.

Incendios forestales más graves

Se prevé que las condiciones climáticas peligrosas que inciden en los incendios forestales empeorarán. Entre 2002 y 2016, se quemaron cada año unas 423 millones de hectáreas  (4,23 millones kms2) de la superficie terrestre de la Tierra, un área equivalente a toda la Unión Europea.

El fenómeno se volvió más habitual y repetido en los ecosistemas mixtos de bosques y sabanas. Se estima que el 67% del área global anual quemada por todo tipo de incendios, incluidos los incendios forestales, se produjo en el continente africano.

Las previsiones indican que las condiciones climáticas peligrosas serán más frecuentes e intensas y durarán más tiempo, incluso en áreas previamente no afectadas por incendios. Los incendios forestales extremadamente intensos pueden desencadenar tormentas eléctricas, que agravan los incendios por las velocidades erráticas del viento y generan rayos iniciadores de nuevos incendios, en un proceso peligroso de retroalimentación.

El cambio de uso de la tierra es otro factor de riesgo, incluyendo la tala comercial y la deforestación para granjas, tierras de pastoreo y ciudades en expansión. Otra causa de la proliferación de incendios forestales es la supresión agresiva del fuego natural, que es esencial en algunos sistemas naturales para limitar las cantidades de material combustible, y las políticas inadecuadas de manejo del fuego que excluyen las prácticas tradicionales de manejo del fuego y el conocimiento indígena.

Los efectos a largo plazo en la salud humana se extienden más allá de aquellos que luchan contra incendios forestales, evacuados o sufren pérdidas. El humo y las partículas de los incendios forestales tienen consecuencias significativas para la salud, con impactos a menudo exacerbados entre las personas con enfermedades crónicas, las mujeres, los niños, los ancianos y los pobres.

También se espera que los cambios en los regímenes de incendios conduzcan a una pérdida masiva de biodiversidad, poniendo en peligro a más de 4.400 especies terrestres y de agua dulce.

Los incendios forestales generan además carbono negro y otros contaminantes que pueden afectar las fuentes de agua, incidir en el derretimiento de los glaciares, causar deslizamientos de tierra y floraciones de algas a gran escala en los océanos, y convertir los sumideros de carbono como las selvas tropicales en fuentes de carbono.

PNUMA reclama en su Informe, una mayor inversión para reducir los riesgos de incendios forestales, el desarrollo de enfoques de prevención y gestión de la respuesta que incluyan a las comunidades vulnerables, rurales, tradicionales e indígenas; y nuevas mejoras en las capacidades de tele-observación, como los satélites, el radar y la detección de rayos.

Alteración de los ritmos naturales

El cambio climático altera los ritmos naturales de plantas y animales. La fenología es el momento de las etapas recurrentes del ciclo de vida, impulsadas por las fuerzas ambientales, y cómo, dentro de un ecosistema, las especies que interactúan responden a las condiciones cambiantes.

Las plantas y los animales en los ecosistemas terrestres, acuáticos y marinos utilizan la temperatura, la duración del día o la lluvia como señales de cuándo desplegar la hoja, florecer, dar frutos, criar, anidar, polinizar, migrar o transformarse.

Los cambios fenológicos ocurren cuando las especies cambian el momento de las etapas del ciclo de vida en respuesta a las condiciones ambientales cambiantes. La preocupación es que las especies que interactúan en un ecosistema no siempre se ajustan a estos ritmos.

Estos cambios fenológicos se están viendo perturbados por el cambio climático, empujando a las plantas y los animales fuera de sincronía con sus ritmos naturales y dando lugar a desequilibrios, como cuando las plantas cambian las etapas del ciclo de vida más rápido que los herbívoros.

Los migrantes de larga distancia son particularmente vulnerables a los cambios fenológicos. Es posible que las señales climáticas locales que normalmente desencadenan la migración ya no predigan con precisión las condiciones en su destino ni en los sitios de descanso a lo largo de la ruta.

Los cambios fenológicos en los cultivos, en respuesta a las variaciones estacionales, serán un desafío para la producción de alimentos frente al cambio climático. Los cambios en la fenología de las especies marinas de importancia comercial y sus presas tienen consecuencias significativas para la productividad de las poblaciones y las pesquerías.

El impacto completo de los desequilibrios fenológicos requiere más investigación. Mantener hábitats adecuados y la conectividad ecológica, fortalecer la integridad de la diversidad biológica, coordinar los esfuerzos internacionales a lo largo de las rutas migratorias, apoyar la resiliencia y mantener la variación genética dentro de las especies deberán ser objetivos de conservación cruciales.

Para todo ello, se hace imperioso limitar la tasa de calentamiento global mediante la reducción drástica de las emisiones de CO2.

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