Durante 2021, aumentó la capacidad de las centrales eléctricas de carbón

05 jun 2022

Pese a que Naciones Unidas y numerosos países aboguen por la necesidad imperiosa de acabar con las centrales eléctricas a carbón y que muchos líderes mundiales “declamen” la urgencia de terminar con ellas, la realidad es muy distinta.

Las centrales eléctricas de carbón emiten más de 10 Giga toneladas de dióxido de carbono por año.

Las centrales eléctricas de carbón emiten más de 10 Giga toneladas de dióxido de carbono por año, casi una quinta parte de las emisiones totales, por lo que son la mayor fuente de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global.

Durante 2021, el mundo aumentó en 18,2 GW la capacidad neta de las nuevas centrales eléctricas de carbón por dos motivos concurrentes: la desaceleración en el cierre de antiguas centrales empujada por la reactivación económica tras la pandemia y el conflicto bélico ruso-ucraniano, motorizado por los intereses de la industria petrolera, tal como denunciara el Secretario General de Naciones Unidas.

Aunque las energías renovables ya habían logrado generar en 2017, por primera vez más energía que el carbón a nivel europeo, las centrales de carbón continúan siendo una sucia realidad, acrecentada por las consecuencias de la pandemia y ahora por la guerra.

Lo cierto es que, en la actualidad, las centrales de carbón –altamente contaminantes– generan un tercio de la producción eléctrica mundial, lo que supone la emisión de alrededor de diez gigatones de dióxido de carbono al año, es decir el 20% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Para impedir que el calentamiento global sobrepase 1,5°C en comparación con las temperaturas preindustriales y que la crisis climática se vuelva incontrolable, el mundo debería dejar de consumir para el 2030, el 80% del carbón que hoy utiliza.

Pero en un rapto autodestructivo, vamos en el sentido inverso: la capacidad de las centrales eléctricas de carbón se ha duplicado en el período 2000-2020 y en 2021 sumó otros 18,2 GW, como ya señalamos.

En base a datos de Coalwarm y Global Coal Plant Tracker, el conocido portal Carbon Brief elaboró un mapa interactivo que revela todas las plantas de carbón existentes en el mundo desde el año 2000 en adelante y conocer su actual situación (previsión de cierre, en operaciones o en construcción) con  mapas complementarios que revelan su evolución año a año (https://www.carbonbrief.org/.)

Puede apreciarse como las centrales de carbón se concentran en China, EEUU, India y Europa.

Tras la expansión explosiva del desarrollo de China e India y las reticencias a abandonarlo de países europeos (Alemania, Polonia, Bulgaria, R. Checa, Rumania o Grecia) y de poderosos sectores industriales de EEUU, el carbón avanza en lugar de desaparecer. Un tercio de los hogares polacos se calefaccionan aún con calderas de carbón y casi el 20% de la electricidad de toda Europa proviene de usinas eléctricas alimentadas a carbón.

Entre la indecisión y la mentira

El panorama es desalentador. Las centrales eléctricas de carbón producen hoy 2.045 gigavatios. Otros 200 GW están en construcción y 300 GW más están planificados.

Es indiscutible que el carbón debería quedar al margen del esquema energético mundial si queremos combatir el cambio climático. Pero la capacidad instalada de plantas de carbón no solo no se está reduciendo sino que se incrementa. En julio pasado, en la reunión de los ministros de Energía y Medio Ambiente del G20, no llegaron siquiera a un acuerdo para fijar las fechas de finalización de las subvenciones a los combustibles fósiles, detener la financiación internacional de los proyectos de carbón y eliminar por completo la energía del carbón.

La Cumbre de Roma del G20, previa al inicio de la COP26 de Glasgow (nov 2021) fue una nueva decepción: los países ricos “acordaron” objetivos de reducción de las emisiones de carbono, pero no determinaron cómo alcanzarlos. El mundo esperaba un acuerdo para abandonar el carbón.

Lo único que pudieron acordar sobre el carbón fue la prohibición de construir futuras centrales eléctricas en el extranjero, una promesa simbólica y mentirosa, ya que podrán seguir construyéndolas en sus propios países.

La pregunta es: ¿por qué están tan apegados al carbón? La respuesta es simple: 13 de los 20 que integran el G20 (EEUU y Unión Europea más Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Reino Unido, Sudáfrica y Turquía) están entre los principales consumidores del mundo (China, India, EEUU, Japón, Sudáfrica, Rusia, Indonesia, Corea del Sur, Vietnam, Alemania, Australia, Polonia y Turquía). Algunos países europeos –como puede verse– tienen doble representación (sic!!)

Hasta 2019, crecía la tendencia al cierre y a una ralentización del número de centrales en construcción. La UE y EEUU cerraron el equivalente a 268 GW. Se había casi duplicado el número de centrales térmicas de carbón a las que se puso una futura fecha de cierre (750 centrales que producen 550 GW). Reino Unido estableció el cierre de todas las plantas de carbón para 2024 y la UE buscaba lograrlo para 2030. Se estimaba entonces que en 2026 construir y operar nuevas centrales de energía renovable sería más barato y rentable que mantener las viejas centrales a carbón.

Pero la caída económica de la pandemia, sumado al aumento de los precios del petróleo y la electricidad, agravados por la guerra en Ucrania, han sepultado esa tendencia. Al punto que cinco países asiáticos (China, India, Indonesia, Japón y Vietnam) planean construir más de 600 centrales eléctricas de carbón en los próximos años, lo que significa el 80% de todas las futuras plantas en el mundo. Esos mismos países componen hoy el 75% de la producción energética total en base a carbón.

A ello debe agregarse que hay otros 30 países que están planificando la construcción de nuevas plantas de carbón. Unas 189 están edificando y ampliarán la capacidad mundial en 176 GW. En otras 300 se están planteando hacer modificaciones para un incremento de otras 280 GW.

Ante la falta de decisión y conciencia ambiental de los líderes mundiales, la era del carbón parece muy lejos de terminar. La encuesta anual de Global Energy Monitor constató que en 2021, 79 países producían casi 2.100 gigavatios (GW) de electricidad, en más de 2.400 centrales eléctricas de carbón y que, la cantidad de electricidad generada a partir de la quema de carbón aumentó un 9% durante 2021 alcanzando máximos históricos.

¿Señales para la esperanza?

En 2021, los 27 estados miembros de la Unión Europea retiraron 12,9 GW de capacidad de generación a carbón (5,8 GW de Alemania, 1,7 GW de España y 1,9 GW de Portugal). Portugal puede significar una señal para la esperanza: en noviembre pasado, el país eliminó por completo la producción eléctrica en base al carbón, consiguiendo el objetivo 9 años antes de la fecha prevista (2030).

En China, líder en el uso del carbón como fuente de energía eléctrica y en la que basó buena parte de su desarrollo reciente, el presidente Xi (abril 2021), anunció que se pondría en marcha una limitación nacional en el aumento del consumo de carbón en un plan 2021-2025 que tendría como objetivo final eliminar el carbón como fuente de producción eléctrica entre 2026 y 2030.

El plan sería parte de la propuesta de XI Jinping de trabajar a favor de un “civilización ecológica” que sería el camino elegido por su país para disminuir sus emisiones de carbono antes de 2030 y alcanzar la neutralidad antes del 2060, es decir 10 años después de las recomendaciones del IPCC.

Pese a la profusión de estudios que insisten en que se debe reemplazar las plantas a carbón por fuentes que provengan de energías renovables, la realidad es que ese proceso de reconversión se ha detenido y nuevas plantas carboníferas se multiplican por todo el mundo

Pareciera que las alarmantes recomendaciones del IPCC, de Naciones Unidas, de climatólogos y científicos especializados en cambio climático, y de miles de organizaciones ambientalistas del mundo, advirtiendo la urgencia de acabar con la quema de carbón, no sirven para frenar los intereses crematísticos de la industria. La ciudadanía global deberá pensar cómo lograrlo, antes de que sea demasiado tarde…

No es solo el carbón

Pero la crisis climática no se agrava tan solo por la presencia del carbón en la matriz energética global. También los restantes combustibles fósiles (gas y petróleo) son parte central del problema.

Cuando se presentó el pasado mes de abril el 3° Reporte del IPCC quedó claro el enfrentamiento solapado entre la postura de los científicos que lo integran (reducir sustancialmente los combustibles fósiles, tanto carbón como gas y petróleo) de la de algunos países que se oponen firmemente a hablar de su eliminación, en las propuestas de mitigación.

La concentración de centrales a gas y petróleo se concentra en EEUU, Europa, Rusia y Medio oriente Fuente: Global Power Plant Database (WRI) – Cartografía: Alvaro Medina (2021)

El grupo de expertos del IPCC en base a toda la ciencia disponible sobre el cambio climático está convencido que es “casi inevitable” que el Planeta se caliente más de 1,5°C. Según sus previsiones, al ritmo actual de contaminación, el calentamiento global podría incrementarse por encima de 3,2ºC, una marca no solo mucho mayor que el objetivo climático del Acuerdo de París, sino que asegura una catástrofe ambiental generalizada. En una encuesta de la revista Nature casi dos tercios de los científicos del IPCC afirmaron que esperan un ascenso de temperaturas de 3°C o más.

Debe señalarse que los efectos negativos crecen de conformidad con la temperatura, por lo que los impactos climáticos de 3°C serían cuatro veces más de los que sufriríamos con 1,5°C. Expliquémoslo: la temperatura actual está 1°C por encima de los niveles preindustriales. Los impactos ante una subida a 1,5° supondrían un aumento 0,5°C, mientras alcanzar los 3°C implicaría 2°C más, es decir cuatro veces la situación actual. Lo que significaría alcanzar un punto de inflexión que conduciría al Planeta a un cambio sustancial.

Las olas de calor extremo que con 1,5°C se incrementarían un 30%, con más de 3°C aumentarían un 80%. Las inundaciones se duplicarían y las sequías extremas se triplicarían.

Como afirma el profesor de Ciencias del Cambio Climático Nigel Arnell, director del Instituto Walker en la Universidad de Reading (Reino Unido) “la experiencia durante la Covid-19 apunta que, lo que de entrada parecen perturbaciones iniciales relativamente modestas en un sistema, pueden provocar un efecto dominó imprevisto, y esto mismo puede suceder con el cambio climático. Si la relación entre las subidas de temperatura y los impactos físicos como el deshielo de los glaciares y el clima extremo a menudo no es lineal, entonces la relación entre los aumentos de temperatura y su efecto sobre las personas, sociedades y economías es muy posible que sea mucho menos lineal aún”. Lo que es seguro –afirma Arnell– es que “en definitiva, un mundo con 3°C más será mucho peor que uno con 1,5°C más” (The Conversation 9.11.2021)

Para los científicos del IPCC queda claro que se necesitan rápidas transiciones energéticas si se quiere limitar el aumento de la temperatura global. “Esto implicará una reducción sustancial en el uso de combustibles fósiles, electrificación generalizada, eficiencia energética mejorada y uso de combustibles alternativos (como el hidrógeno)”, señala el boletín de prensa del IPCC.

Allí es precisamente donde se concentra la discusión con los decisores políticos de algunos países. Ha trascendido que la aprobación de los gobiernos fue la fase más debatida del último reporte del IPCC, como ya lo había sido en Glasgow.

Los expertos del IPCC redactan el informe completo, otro con los detalles técnicos y un resumen para los líderes políticos (‘Summary for Policymakers’), que requiere contar con el aval de los representantes de los 193 gobiernos que conforman las Naciones Unidas.

Es allí donde quedan claras las diferencias para enfrentar el problema de los combustibles fósiles. El Glasgow mientras los científicos reclamaban eliminar el carbón en etapas, los políticos del G20 solo admitieron “reducir el carbón”.

En el último reporte las diferencias se mantuvieron entre la “eliminación gradual” o “reducción sustancial” de este tipo de energías de los científicos contra el lenguaje ‘diplomático’ y falaz de los políticos tomadores de decisiones que solo admiten al hablar de “reducción” o “transición”, para no comprometerse a la eliminación de los combustibles fósiles que destruyen el Planeta.

Es una discusión a la que los ciudadanos del mundo preocupados por el destino de “nuestra casa común” deberemos prestar especial atención. Se dirime hoy entre la ciencia y los gobiernos que hacen predominar su agenda política y empiezan a poner el acento en la absorción y eliminación de dióxido de carbono, ya sea a través de opciones biológicas naturales como la reforestación, o con tecnología para capturar CO2 y los expertos del IPCC y los científicos del clima de todo el mundo que alertan que ninguna absorción y eliminación de carbono serán suficientes si no cortamos progresivamente con la fuente principal que constituyen los combustibles fósiles.